martes, 12 de enero de 2021

 

Y si un día dejamos de estar…

Después de casi un año volvimos a nuestra casa en Casa Grande, Córdoba, en el valle de punilla, un año el que transcurrió…  y que  como a la gran mayoría, este tiempo nos invitó a  la reflexión, y reencontrarnos con la enorme posibilidad de empezar a decidir, y discernir.

Asumir una forma práctica y concreta del propio bienestar, el empezar a  ver la enorme posibilidad de valernos por nosotros mismos y cuidar nuestras propias necesidades, un llamado a la responsabilidad personal para detectar la ilusión, derribarla y enraizarnos en la realidad de “Aquello por lo que vivimos”

En estos primeros días en el cual empecé reencontrarme con el lugar, a caminarlo, a sentirlo, a sorprenderme, pude ver con enorme alegría, como ese párate que de alguna manera todos fuimos parte había permitido aflorar nuevamente un orden en todo lo que observaba en la madre naturaleza, y no es que ella no esté en orden, sino que sin lugar a dudas ese orden que el humano muchas veces propone, enmascarado de progreso y con tinte de pseudo evolución… es todo lo contrario.

En este reencuentro paso a paso, fui viendo como un montón de plantas, yuyos medicinales, habían reaparecido.

Con lo cual fue una enorme alegría este reencuentro con estas medicinas, y en este pequeño terreno en el que nuestra casita se asienta, aparecieron tres carquejas, las melisas nunca dejaron de estar, pero estas vez las veo con mas fuerza, algo que también fue un regalo fue reencontrar la aparición de una variedad de salvia del monte, también la marcela esta presente, albahaquilla del monte, también el palo amarillo que solo había uno y ya secándose, aparecieron por el fondo del terreno tres!

Los piquillín dieron frutos! También la topasaire, yerba de la víbora, en la vereda había yerba del pollo. Un festín herbal para los ojos de niño que me acompañan siempre.

Y así  fue que este reencuentro me llevo a caminar más allá de este espacio que llamamos nuestro terreno, y que al dejar que las huellas de los colores de las flores, las formas de las hojas, y el perfume de los yuyitos me guiaran, fui viendo un poco más.

Y allí me esperaban si saberlo, salvia del monte, boldo serrano, menta (donde antes no había), mucha cola de caballo, palo de leche, cola de quirquincho, yerba de la piedra, malvavisco (que también está en el terreno) y hay más que aún estoy reconociendo.

Ante tanta belleza era imposible detener mi asombro y sobre todo el sentir un inmenso agradecimiento a “Aquello por lo que vivimos”, por tantos regalos, porque asi lo sentía y lo siento.

Todas estas plantas tienen un porque, tienen un don, tiene una vibración, ocupan su lugar en el orden sagrado de la Madre Naturaleza, ofreciéndonos a nosotros los humanos a través de su ofrenda cuando es cosechada la posibilidad de equilibrar nuestra salud cuando se pierde el equilibrio en el ámbito de lo físico, lo mental y lo almico.

Sin dudas en este sagrado orden caminar  para ocupar nuestro lugar más allá de las ilusiones autoimpuestas o aprendidas nos facilita compartir aquella medicina que cada uno somos. Como estos yuyitos.

Y en esta observación de la medicina del monte, pensaba, como la quietud a la que había sido llamada la humanidad, o parte de ella, porque esta quietud nos invitó en realidad a movimientos más profundos en nuestro interior (porque la libertad va por dentro, y no porque te dejen salir o te pidan que te quedes en ca.., o por que….) esa quietud del humano fue un gran trampolín para que la madre naturaleza restableciera un equilibrio observable en esta parte en la que estoy y en la que se basa este escrito, que aparentemente se había perdido.

Y esto me hacia pensar que sin dudas, que el ser humano no camine por el planeta por un rato es beneficioso, es mas, mientras estoy escribiendo esto veo , oigo y siento como también se han intesificado el canto de las aves y reaparecido muchas , que hacia años no se veian.

Sabiendo también que estas movilizaciones  son producto del fuego que  hubo en ese año que paso..

Y si dejaramos de existir por un rato…. Sin dudas el planeta seguiría sin perturbarse, y comenzaría equilibrar sanamente todo aquello que nosotros dia a dia desequilibramos, inclusive con la profundidad de nuestros alocados  pensamientos.

Y si dejaramos de existir…. Sin dudas la carcaza, el chasis, que nos prestaron para andar, cumpliría su rol sagrado de abonar el suelo en donde caiga y seria mas útil que tenerlo y no hacerle el honor de vivir aquello por lo que decidimos vivir.

Ahora bien, si en realidad pensaramos en la dirección contraria.

Y si nunca dejaramos de existir… ¿seguiriamos viviendo de la misma manera que hasta ahora?

Existimos, y si hiciéramos como los yuyitos, ocupando el lugar que nos corresponde, y caminar a través de la inteligencia, la intuición, la voluntad, la accion creativa, la transmutación y la fecundidad en lo cotidiano, ¿no seria mas ordenada nuestra vida y colaboraríamos con ese orden mas grande al que pertenecemos?.

Y si decidimos existir como lo hacen los yuyitos, ¡que hermosa flor regalaríamos al mundo!

¡que buenas semillas dejaríamos!.

Porque como estos yuyitos que alguna vez hicieron una pausa en su manifestación física y  mientras el andar humano no se detenía, cuando fue todo lo contrario, volvieron con la fuerza solar que los caracteriza.

Como estos yuyitos muchos seres humanos han dejado buena semilla y hermosa flores, que esos ejemplos fertilicen nuestro corazón y andar.

¿Seremos capaces de pausar nuestros pensamientos y acciones limitantes, que día a día nos impiden en manifestar lo que realmente somos?

¿Tendremos la suficiente fe y responsabilidad personal para florecer y compartir nuestra medicina almica más allá de la aprobación y aceptación social?

¿Nos ocuparemos del propio bien estar,  e irradiar silenciosamente  en nuestra sociedad esa vibración a través de actividades que sumen al despertar y la verdadera unión?

¿Empezaremos a valernos por nosotros mismos, no siendo parte de ideologías ilusorias que oprimen al alma?

Y si dejáramos de existir….. Cabe aclarar que esto va a ser así.

Elijamos como florecer y regar las semillas y que la alegría del último baile sea eterna.

Juan Martin Alvarez

Fitoterapeuta

Terapeuta Floral

Guia de Temazcal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario